Antiparasitarios internos vs. externos: ¿cuál es la diferencia y por qué necesitas ambos?
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Es común escuchar "ya le di su pastilla, está protegido", pensando que un solo producto cubre todo. Pero los antiparasitarios se dividen en dos grandes categorías, que atacan problemas distintos y no son intercambiables entre sí.
Antiparasitarios internos (endoparasiticidas): actúan contra parásitos que viven dentro del organismo del animal, principalmente en el tracto digestivo —como nematodos (lombrices), cestodos (tenias) y algunos protozoos como Giardia—. Se administran generalmente por vía oral, en comprimidos, pasta o líquido, y su objetivo es eliminar estos organismos antes de que causen daño digestivo, pérdida de peso o, en el caso de algunas especies, riesgo de transmisión a personas.
Antiparasitarios externos (ectoparasiticidas): protegen contra pulgas, garrapatas y, en algunos casos, ácaros. Vienen en formatos como pipetas (spot-on), collares o comprimidos de acción sistémica. Su función no es solo evitar la molestia del rascado: las garrapatas, por ejemplo, pueden transmitir enfermedades hemoparasitarias que en Chile sí se diagnostican en clínicas veterinarias, particularmente en zonas con más vegetación o convivencia con otros animales.
La confusión entre ambos tipos es más frecuente de lo que parece, y es fácil entender por qué: para el dueño, "desparasitar" es un solo concepto, cuando en realidad son dos frentes de protección distintos, con productos, principios activos y frecuencias que no siempre coinciden.
Por eso en Pawdy diseñamos el esquema de cuidado considerando ambos frentes, evitando que se cubra uno y se descuide el otro sin que el dueño lo note. La meta es simple: que tu mascota esté protegida por dentro y por fuera, sin que tengas que convertirte en experto en parasitología para lograrlo.