¿Por qué los antiparasitarios son importantes, aunque tu mascota se vea sana?
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Uno de los errores más comunes entre dueños de mascotas es pensar que, si el perro o gato se ve activo, come bien y tiene el pelo brillante, no puede tener parásitos. La realidad es distinta: la gran mayoría de las parasitosis en perros y gatos no presentan síntomas visibles, especialmente en sus etapas iniciales.
Un estudio realizado en tres comunas de Santiago encontró una prevalencia de parásitos gastrointestinales de 30,2% en perros, y otro trabajo en la comuna de La Pintana detectó Toxocara canis —uno de los parásitos con mayor riesgo para la salud humana— en 9,1% de los animales muestreados. Es decir, en Chile, el problema no es hipotético: es una realidad estadística que convive con nosotros en el día a día, muchas veces sin que nos demos cuenta.
Los parásitos internos, como nemátodos y protozoos, afectan la absorción de nutrientes, pueden dañar tejidos internos y, en casos avanzados, comprometer el sistema inmune del animal. Los externos —pulgas y garrapatas— además de la molestia que provocan, son vectores de otras enfermedades más serias, como la erliquiosis o la anemia por pérdida de sangre en infestaciones severas.
La desparasitación regular no es un lujo ni una exageración: es una medida preventiva, igual que las vacunas. Su lógica es simple —actuar antes de que aparezca el problema, no después—. Por eso en Pawdy trabajamos con esquemas trimestrales: no porque "haya que hacerlo por hacerlo", sino porque ese es el intervalo que permite mantener a raya a los parásitos más comunes en nuestro país, sin necesidad de esperar señales de alerta que muchas veces llegan tarde.
En resumen: que tu mascota se vea sana no significa que esté libre de parásitos. La prevención funciona precisamente porque actúa antes de que haya síntomas.